Sobre estereotipos

Ayer volví a ver la película Un franco, 14 pesetas. Otra vez me conmovió a pesar de que pueda considerarse previsible y almibarada. Otra vez recordé muchas cosas que me contaban mi abuelo y mi abuela. Volví a vivir esos años 60 en mi barrio de las afueras de Salamanca. Volví a pasar por las calles sin asfaltar de ese barrio… En fin, que como decía aquella canción, recordar es volver a vivir. 

Pero lo que más me gustó fue escuchar a Carlos Iglesias en le charla que siguió. Me encantó su emoción al hablar de ese pasado. Disfruté también de la elocuencia de Isabel Blanco (Hanna), de cómo contó su dificultad para pasar de Suiza a España -como el niño de la película-, y que si lo logró fue «a queriendas» (nunca había oído esta expresión que usó ella). 
El caso es que hubo una escena de la peli que me llevó a pensar en los estereotipos. Sobre este tema, escribí una entrada llamada así Estereotipo en el Glosario de educación intercultural. Pero quería compartir también un fragmento de un cuento que me regaló José Antonio Mesa Toré, y que he usado tantas veces en mis cursos de formación del profesorado y en mis clases con alumnado extranjero. Tiene montones de aplicaciones en relación con la forma en que nos formamos las ideas sobre los demás a base de pre-conceptos. Creo que son tiempos en los que conviene no olvidar que las etiquetas son algo más que los nombres que aparecen cuando ponemos el ratón sobre la cara de alguien que aparece en el feisbuk y casi nunca son tan inocentes. 
 
El nombre del novio de mi hermana.

Mis abuelos no saben pronunciar el nombre del novio de mi hermana. Mis padres no saben pronunciar el nombre del novio de mi hermana. Hasta ahí, si consideramos que el novio de mi hermana es español y mis padres y mis abuelos son suecos, esta imposibilidad fonética no resulta extraña. Pero lo imperdonable es que mi hermana, a pesar de haber estudiado español en España y en Suecia, tampoco sabe pronunciar el nombre de su novio. El novio de mi hermana, está claro, es una mala persona que disfruta cargándose la paz de nuestro hogar con su nombrecito. Per, Kalle, Magnus son nombres que le pegan a tu futuro cuñado. Pero si tu hermana se echa un novio español, piensas que vas a pasarte la vida diciendo «Pepe, ¿qué tal?», «Paco, ¿te gusta el pytt-i-panna?» o «Manolo, vamos a ver Kalle Anka en la tele». Pepe, Paco o Manolo son nombres que toda la familia puede pronunciar sin problemas. Ni siquiera es grave para una buena comunicación si la abuela pronuncia Pepé o Pacó. El novio de mi hermana, sin embargo, no se llama como se llaman todos los españoles: ni Manolo, ni Paco, ni Pepe. El novio de mi hermana se llama Jorge. Cuando mis padres le preguntaron a mi hermana «¿Cómo se llama tu novio?», cuando mis abuelos le hicieron esa misma pregunta a mis padres, cuando yo le pregunté «Y tú, ¿cómo te llamas?» a mi futuro cuñado, acabó la felicidad de mi familia y mi mundo estable y ordenado, o cuando menos bajo control hasta entonces, se fue a la mierda. (…)

También os puede interesar leer este artículo, donde también aparece este cuento. Conocerse para respetarse

3 opiniones en “Sobre estereotipos

  1. Pilar

    Hola Concha, también volví a ver el sábado esa peli…la he visto un montón de veces con los alumnos y se trabaja muy bien en clase. Hay tanto en la historia…los alumnos se identifican mucho… por ejemplo, a la hora de hacerse entender…captan muy bien los momentos de humor y de emoción…les encanta.

    Hoy Carlos Iglesias ha estrenado Spankis (o algo así) y ,según el mismo dice, si te ha gustado Un franco..esta también te gustará….Habrá que ir, no????

    Un saludo desde Málaga
    ;)))

  2. Concha Moreno García

    Pues sí, Pilar, es lo que me han dicho a mí, que crea empatía (hablo de Un franco…).
    La nueva película -«Ispansi» creo que se llama- pinta bien. Iré a verla con mucho gusto. Ya la comentaremos.
    Gracias por pasarte por aquí.
    Otro para ti desde Madrid 🙂

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