Reflexión sobre la gramática en tiempos de pandemia (2)

Y continúo con los dibujos que aparecen en el libro Temas de gramática (SGEL) . En este caso me refiero a los que me ayudaron en su día a explicar de manera visual los principios básicos que rigen las reglas de ese gran tema de la gramática del español: ser y estar + adjetivos. En la entrada anterior os contaba que el dibujo nació de una práctica reflexiva. En este caso, los dibujos pretendían materializar conceptos abstractos.

Estos dos verbos suelen ser fuente de angustia porque, por un lado, la oposición no existe en otras lenguas y eso impide el apoyo de la transferencia o la traducción y, por otro, porque las explicaciones que hasta hoy se mantienen son causa de errores por instrucción, desde mi punto de vista, lo peor que puede provocar un profesorado que repite lo que ha oído o leído sin analizar por qué sus estudiantes siguen equivocándose.

Esto es lo que hemos oído y enseñado hasta la saciedad: ser expresa o se refiere a lo permanente, a lo que no cambia. Si esto es así, ¿por qué decimos ser joven si esa característica cambia con una facilidad pasmosa?

En cambio, estar se usa para lo que cambia. Me hago la misma pregunta: entonces ¿por qué decimos los mosaicos están incrustados en la pared, el jarrón está roto o el cauce de ese río está seco? Por no mencionar, claro, el famoso estar muerto/a.

Siempre podemos recurrir a las socorridas excepciones, claro. Pero ¿y si probamos a buscar otras explicaciones?

Ser sirve para identificar –caso que no suele causar problemas–: Mi libro es aquel, ese libro de gramática es mío, mi profesora es la de rojo, querer es poder. La razón es que se identifica usando sustantivos o palabras que funcionan como sustantivos: demostrativos, posesivos, pronombres personales, infinitivos, etc.

El problema surge en los demás casos, cuando usamos adjetivos y aplicamos la regla de lo cambiante y lo permanente. Probemos con esta otra posibilidad que los dibujos representan.

Ser clasifica o categoriza a un sujeto comparándolo con otros, diciendo que todos tienen en común unas características establecidas. Si decimos que alguien es confiado/a, guapo/a, delegado/a, afirmamos que lo podemos clasificar en la caja de las personas de ese tipo.  No tiene que ver con criterios d temporalidad, como hemos visto antes: eres muy joven para entenderme. Hasta ahora ha sido muy confiado, veremos si no cambias con el tiempo. De niño era más guapo; con el tiempo se ha afeado ¿no te parece? Como eres delgado, los trajes te quedan muy bien.

Estar, en cambio, compara al sujeto consigo mismo, pero en algún otro momento; expresa estados: Dejó de sospechar de todo el mundo, estaba confiado y lo engañaron. Estás más guapo con barba. Estás más delgada que el verano pasado ¿verdad?

También sirve para expresar que la característica mencionada se desvía de lo esperable: estás muy joven, es decir, no correspondes a la edad que tienes. ¿Qué te pasa? Estas muy tímido, no pareces el mismo.

Aquí no me refiero a los adjetivos que cambian de significado.

Imaginemos ahora el juego: dos cajas que llevan su etiqueta correspondiente: CLASIFICAR, EXPRESAR ESTADOS.  Podemos usar las listas de adjetivos que encontramos en los manuales y les pedimos a nuestros estudiantes que digan si quieren hacer una cosa u otra. Meterán los adjetivos en su caja y tendrán que elaborar sus frases. O bien les damos las frases para completar y tendrán que actuar de la misma forma eligiendo ser o estar, según lo que crean que significa la oración.

Con esta forma de explicar evitamos inducir a error, pero tendremos que seguir ampliando el conocimiento léxico de nuestro alumnado, pues existen adjetivos que siempre se usan con ser (aficionado/a, concreto/a, célebre, etc.)  y otros que se construyen con estar (asombrado/a, ausente, desconcertado/a, harto/a, etc.). Pero este es un problema, como digo, de vocabulario.

 

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